Sur de Gredos

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“… las primeras rampas fueron suaves, un antiguo camino se adentraba en lo más recóndito de la sierra… “

-El puente del tiempo, capítulo 8: El abad-

La falda meridional del macizo central de Gredos se levanta imponente desde la meseta sur alcanzando el cielo con una velocidad y contundencia que sobrecoge. Para hacerse una idea, baste decir que, desde la localidad de Candeleda a la cumbre del pico Almanzor, hay más de 2.000 metros de desnivel que se salvan en apenas 11 kilómetros.

Esta diferencia de altitud y la orientación de la sierra dan lugar a un abanico de ecosistemas favorecidos por distintos micro climas. A los pies de la cordillera las palmeras y los naranjos adornan calles y plazas, en las cumbres, la roca pelada y el paisaje alpino dominan el paisaje. Entre ambos extremos, profundas gargantas regadas por ríos prístinos abren caminos hacia las alturas. A medida que se asciende robles, enebros y pinos ponen color a un entorno dominado por el granito. En los cauces, los grandes cantos rodados cincelados por el agua contrastan con el azul turquesa de las pozas.

Este verdadero vergel ha sido morada de los hombres desde antiguo. Así lo atestigua el castro vetón de El Raso (también conocido como El Freillo) y los restos de pinturas rupestres de Peña Escrita. Además, desde tiempo inmemorial, los puertos cercanos han sido utilizados por los rebaños trashumantes.

Testigo de este ir y venir de personas y animales es la senda conocida como “Trocha Real. Camino que permitía a los pastores en tiempos de la Mesta pasar de un lado a otro de la sierra sin pagar el portazgo que implicaba cruzar los montes por la calzada del Puerto del Pico. Si seguimos las huellas de quienes tiempo atrás la utilizaron, recorreremos lugares de rabiosa belleza y encontraremos más señas del pasado como el Puente del Puerto (posiblemente de origen romano). Hagan un alto, en las inmediaciones de esta construcción la garganta Lóbrega y la Blanca unen sus aguas para formar la garganta de Santa María creando pozos, remansos y remolinos.

Para aquellos que disfruten con los retos, la ascensión al Almanzor desde la localidad de El Rasoes otra magnífica oportunidad de disfrutar de la naturaleza y probar nuestras fuerzas. Cuidado porque el desnivel es de aúpa y se requiere cierta experiencia en montaña para superar los tramos finales con seguridad.

Respetar y proteger este entorno es una obligación para todos los que lo visitan. Quedan pocos lugares como este.



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