Puente romano la Canasta

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“… alcanzaron el primer ojo del puente y se escondieron bajo los sillares justo en el momento que la patrulla alcanzaba la cresta del valle. La tormenta descargó en ese instante toda su intensidad…”

-El puente del tiempo, capítulo 8: El abad-

Hay lugares que nos recuerdan inevitablemente la vanidad de los hombres, esta sensación es frecuente cuando se contemplan imponentes construcciones convertidas en ruinas por el paso de los siglos; sin embargo, a quien escribe estas líneas tal pensamiento le invadió mientras contemplaba este pequeño puente. Construido para unir distantes lugares, hoy permanece perdido sin llevar a ningún sitio. Impertérrito a pesar de la lluvia, el frío o el calor se yergue sobre un profundo corte que el arroyo Torcón traza camino de su encuentro con el Tajo (en San Martín de Montalbán, Toledo). Con su presencia parece querer recordarnos que por allí pasaron gentes y ganados cuando las calzadas construidas por los romanos se extendieron como una tela de araña sobre la vieja piel de toro.

Mantiene en la actualidad tres de sus ojos enmarcados por arcos de medio punto. Sillares y ladrillos sostienen una sólida estructura que supera una cascada y un caos de rocas. Por su ubicación es posible relacionarlo con las antiguas vías que unían Ávila con Córdoba y Zaragoza con Mérida. En las cercanías se observan restos mucho más recientes de otras construcciones. Llama la atención una que quizá fue un molino. El ingenio aprovecharía la fuerza de la corriente que en el lugar se acrecienta por la proximidad del salto de agua.

El puente, antes paso fundamental de una importante vía de comunicación, se encuentra hoy en el medio de ninguna parte y encontrarlo no es tarea sencilla. Aquellos que quieran contemplarlo deberán tomar un camino que existe a mano derecha al salir en dirección sur de San Martín de Montalbán. El camino sigue unos 4 kilómetros bajando un valle hasta terminar en un vado que cruza el citado arroyo Torcón. Desde dicho vado, siguiendo por el margen del río en dirección norte (que es el sentido de la corriente), se alcanza después de unos minutos de caminar por un sendero que a veces queda desdibujado. Después de este último tramo, la construcción espera al viajero recordándole que del pasado a veces no queda ni la memoria.



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