Toleto, la urbe regia

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“… Toleto se erguía altiva sobre un enorme peñasco dejándose besar por las aguas del Tajo. Orgullosas murallas defendían su perímetro.”

-El puente del tiempo, capítulo 4: La ciudad sobre el Tajo-

Toletum, Toleto, Tulaytula, Toledo, hay muchas ciudades limitadas por el corte del Tajo y las vegas que forma a su paso el río por este mágico lugar. Conocerlas todas es labor de una vida y su descripción no puede ser objeto de resumen en estas pocas líneas. Nos centraremos por ello en describir someramente la Toleto visigoda en el momento de la llegada de las tropas de Táriq.

La ciudad romana de Toletum, significativo nudo de comunicaciones en la meseta sur, irá ganando importancia con la llegada de los godos. En la segunda mitad del siglo VI la urbe se convertirá en la capital de la Hispania. Leovigildo (526-586 d. C.) se propondrá transformarla tomando como modelo la Constantinopla bizantina. Como consecuencia de esta transformación ganará gran importancia una zona periférica en la que ya existían suntuosas construcciones y residencias de época romana: la Vega Baja. En este suburbio, a los pies del antiguo circo, se construirá un conjunto palatino digno del rango que adquiría la urbe. Al mismo tiempo, Toledo conseguirá hacerse poco a poco con la primacía religiosa en la península ibérica. En la segunda mitad del siglo VII se convertirá en la sede primada relegando a otras ciudades importantes como Tarragona, Mérida y Cartagena que le disputaban el título.

Como sede del poder real Toledo disponía de murallas que la protegían en todo su perímetro. En su interior se concentraban iglesias, monasterios y lujosas residencias compartiendo espacio con los hogares humildes de los artesanos y comerciantes. No hay plena certeza de la ubicación de muchos de los edificios representativos, pero hasta nosotros han llegado los nombres de algunos de los templos más importantes. Entre ellos cabe destacar: Santa Leocadia, la basílica de los santos apóstoles Pedro y Pablo y el monasterio de san Cosme y san Damián. Estos lugares fueron sede de acontecimientos históricos como los concilios (Santa Leocadia) o espacios en los que oraron y estudiaron grandes personajes de la época como san Eugenio y san Ildefonso (monasterio de san Cosme y san Damián).

A su llegada Táriq se encontró una ciudad que representaba con orgullo el poder de los visigodos. Sin embargo, la derrota del rey Rodrigo y el proceso de ocupación que siguió al hecho de armas significaron su pérdida de importancia a favor de Córdoba. La vieja metrópoli se mostrará levantisca contra el poder omeya instaurado en el al-Ándalus y con el paso de los años llegará constituirse en capital de un reino taifa.

Encontrar los vestigios de hace mil trescientos años en el Toledo actual requiere paciencia y predisposición a caminar, los restos se encuentran esparcidos por toda la ciudad y muchas veces han sido reutilizados para adornar construcciones posteriores. No obstante, las personas interesadas disponen de una magnífica muestra del mundo visigodo en la parte más alta de la antigua capital: el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda sito en la iglesia de San Román.

Para concluir permítanme recomendarles que se pierdan en los recovecos y callejuelas de esta urbs regia. Encontrarán que hay mucho que descubrir.


Para saber más:

El Toledo visigodo en ArteHistoria

Rafael Barroso, Jesús Carrobles y Jorge Morín: Toledo y su provincia en época visigoda. Diputación de Toledo, 2010.



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