Qusayr Amra, el lugar donde me encontré al rey Rodrigo

Se llama Qusayr Amra y hay pocos lugares en los que haya sentido tan cerca hechos históricos remotos. En mitad de la nada, en pleno desierto Jordano, una antiquísima construcción espera al viajero inquieto. El edificio es modesto, sillares bien trabajados, tres bóvedas y una pequeña cúpula despuntan en un secarral. A pesar de esta humilde apariencia, en su interior se encierra un tesoro que la UNESCO ha declarado patrimonio de la humanidad. Pasen y vean, hay mucho de lo que sorprenderse.

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Las guías turísticas se refieren a él como un “castillo del desierto”, en realidad, lo que queda en pie, son unos baños construidos según la tradición romana. Fueron mandados levantar por un miembro de la dinastía omeya (posiblemente Al-Walid II) en una zona que visitaba por ser un cazadero. En su origen, hubo también otras edificaciones que la arena del desierto no ha respetado. La villa se erigió en torno al año 720 d. C. y su promotor quiso adornarla con esmero para que hablara de los placeres que le deleitaban, su grandeza y poder.

Gacelas, exuberantes doncellas (escasamente vestidas) y frutos nos saludan nada más entrar. El realismo y la expresividad de las figuras chocan con el arte islámico tradicional que evita la representación figurativa. A finales de la década de los 70 del siglo pasado, un equipo español restauró los frescos que, a pesar del paso de los años, se muestran notablemente conservados. Al contemplarlos, se hace evidente que quienes disfrutaron del lugar en tiempos pretéritos gustaban de la sensualidad y los placeres de la vida.

Los estudiosos afirman que quienes decoraron aquellos muros posiblemente eran artistas griegos. Así lo atestiguan las inscripciones que en la lengua de Homero dejaron en las pinturas.  Nos encontrarnos en un lugar construido en el momento álgido de la expansión del Islam, pero estas termas rezuman elementos típicos del mundo romano y bizantino. Si no fuera por uno de los paneles, sería difícil creer que allí gozaron de los placeres del agua hombres empeñados en ensanchar las fronteras de un imperio que era el heraldo de la religión del Profeta.

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La escena que nos hace caer en la cuenta de que efectivamente fueron los omeyas quienes allí se solazaron, está directamente vinculada con la novela “El puente del tiempo”. Rodeando la figura entronizada del califa, seis reyes rinden homenaje. Entre ellos encontramos al rey Rodrigo. El desdichado monarca visigodo aparece representado a más de 6.000 Km. de su perdido reino. Está de pie junto a otros regentes: el emperador bizantino, el negus de Etiopía, el shah persa, y dos más que se suponen son el emperador chino y un rajá indio. Estos soberanos, de una u otra forma, habían entrado en colisión con el Imperio omeya y el fresco parece querer representar su sometimiento. Cada personaje es identificado con su nombre escrito en griego y árabe. Durante los trabajos de restauración, en las proximidades de las figuras, se identificaron las letras NIKH que según los historiadores aluden a la palabra griega nike: victoria.

Que el rey Rodrigo aparezca en estas pinturas nos da una idea de la importancia que para los omeyas tuvo la conquista de Hispania. El hecho era de tal magnitud, que un rey que apenas llegó a reinar un año merecía ser representado junto al emperador bizantino (nada más y nada menos…). Según algunos especialistas, esto indicaría que el reino visigodo era, a ojos de los ismaelitas, una gran potencia situada en los confines del mundo entonces conocido.

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No quiero terminar este breve artículo sin mencionar otra maravilla de Qusayr Amra (literalmente castillo rojo). En la cúpula del caldarium (la zona de baños calientes) se representa la bóveda celeste y las constelaciones más importantes. Esta pequeña maravilla nos acerca aún más a quienes la vieron al poco de construirse, pues las figuras son perfectamente reconocibles: la dos osas, el dragón, o el cisne, representan un pedazo del cielo del desierto que cubre con sus luceros este mágico lugar. Esperemos saber conservarlo para las generaciones futuras.

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